Desayuno cada día
cucharadas de sosa caústica.
Me visto con la piel de un áspid,
y mientras viajo hacia el trabajo,
me voy sacando las espinas de la boca,
escupiendo el veneno de los besos
que no he dado.
No puedo llorar,
me quedo callado.
Espero el instante.
Cristal de bohemia envuelta en barrotes de hierro.
Tarros de miel, y aguijones de avispa;
lilas, rosas amarillas y espinas.
Vuelvo a casa, y de cuclillas,
siento el frío del alma vacía,
queriendo nadar
en un mar de ácido sulfúrico.
Pero es más lo que puede,
lo que pesa, lo que manda.
Sabanas blancas, y limpias,
Olor a lluvia, madera quemada
Calado en los huesos de ganas.
Una hora de vida, un segundo,
Agonía inminente.
Y un vaso de leche caliente, y otro café,
Y un autobús más,
Y yo sigo aquí, y no me marcho,
Y me enveneno, y me canso, desespero,
Y sobrevivo, y sigo existiendo.
Total, un día malo lo tiene cualquiera.
cucharadas de sosa caústica.
Me visto con la piel de un áspid,
y mientras viajo hacia el trabajo,
me voy sacando las espinas de la boca,
escupiendo el veneno de los besos
que no he dado.
No puedo llorar,
me quedo callado.
Espero el instante.
Cristal de bohemia envuelta en barrotes de hierro.
Tarros de miel, y aguijones de avispa;
lilas, rosas amarillas y espinas.
Vuelvo a casa, y de cuclillas,
siento el frío del alma vacía,
queriendo nadar
en un mar de ácido sulfúrico.
Pero es más lo que puede,
lo que pesa, lo que manda.
Sabanas blancas, y limpias,
Olor a lluvia, madera quemada
Calado en los huesos de ganas.
Una hora de vida, un segundo,
Agonía inminente.
Y un vaso de leche caliente, y otro café,
Y un autobús más,
Y yo sigo aquí, y no me marcho,
Y me enveneno, y me canso, desespero,
Y sobrevivo, y sigo existiendo.
Total, un día malo lo tiene cualquiera.
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