Qué coño!
Si para el diablo mi alma....para ella mi corazón!
Con esta contundencia salió a trabajar...
No le importo el sueño. Ni el cansancio.
Ni la amenaza de tormenta que traía el frio a su ciudad.
Ni si quiera el atasco de mil demonios que encontró.
Se fue feliz, contento y silbando calle abajo, dirección a su trabajo.
Un nuevo día, más especial que el anterior, había comenzado...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario