martes, 20 de mayo de 2008




Sara anoche me dijo un secreto. Y yo me preguntaba como se puede en un secreto decir tanto y tan poco.
Sara me dio anoche un trozo de ella. No sé si una pierna, o un brazo, o quizá fuera un órgano de estos que llaman vitales.
Yo no lo esperaba y me lo dio, así sin envolver, sin avisarme de que me lo entregaba. Lo dejó caer en mi oído.
Sara me dijo anoche un secreto. No puedo decir si era grande, o pequeño o acaso importante.
Quizá no lo fuera si me lo dio a mí. Y eso me preocupa, ¿por qué a mi?.
Lo que más me inquieta es que debo hacer con él. Nunca he sabido que hacer con los secretos. Me pasa como con los regalos. No sé que cara poner, si alegrarme, si llorar, si no hacer demasiado caso. Además lo que más me gusta del regalo es el papel. Siempre lo guardo. Por eso cuando los abro intento que no se rompan.
Sara me dijo ayer un secreto y yo no se que hacer con él. No sé si debo dejarlo por algún sitio a mano. No sé si guardarlo en un cajón y olvidarlo hasta que un día que no espere lo vuelva a encontrar.
¿Pero por qué a mí? Sara eso no me lo dijo solo me lo entregó y se marcho.

Sara me dijo ayer un secreto, y ¿qué hago yo con él ahora?

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi comentario es.....

SIN COMENTARIOS,,,,

Anónimo dijo...

¿quien es bueno guardando secretos lo es de igual forma contando los suyos?

...los suyos.